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Comentario del Evangelio del Tiempo Ordinario Mc 1,40-45

Los cristianos somos la familia de un Padre que nos ama con un amor continuo, por ello nos apoyamos en la sola esperanza de su gracia celestial y nos sentimos siempre fortalecidos con su protección.

El Evangelio de este domingo es continuación del pasado, y es bueno saber qué aconteció después. El Señor acaba de liberar a un endemoniado en la sinagoga de Cafarnaúm, y, al salir, fue a la casa de Simón y Andrés. Por lo que nos cuenta San Marcos esta casa debería ser bastante grande, ya que acoge a mucha gente de la población. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, se lo dicen a Jesús, él se acerca, la toma de la mano, la sana y la levanta. Muy agradecida la señora se pone a servirlos.

Al anochecer, le llevaron a Jesús todos los enfermos y endemoniados que había en Cafarnaúm. Él curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios: no nos dice el texto que curarse a todos. Los demonios, al igual que el domingo pasado, conocen a Jesús, saben que es el Santo de Dios y, muy a su pesar, quieren gritarlo, pero el Señor no se lo permite, porque quiere que la gente crea en él por su testimonio y su palabra.

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