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Evangelio de hoy 26 dic. 2019 (San Mateo 10,17-22.)

Jesús dijo a sus apóstoles:
Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas.
A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos.
Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes.
El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir.
Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará.

San Esteban ofrece su vida, como oro, al niño Jesús

Como más cercano a la fiesta del Salvador recién nacido, está San Esteban. ¿Qué es lo que ha proporcionado al primer testigo de sangre del crucificado este lugar de honor? El realizó con entusiasmo juvenil lo que dijo Cristo al venir al mundo: «Me has dado un cuerpo. Mira que he venido a cumplir tu voluntad (Hb 10,5-7). Ejercitó la obediencia perfecta, que tiene su raíz en el amor y en el amor que se manifiesta.

Siguió al Señor en aquello que naturalmente resulta, quizás, lo más difícil para el corazón humano, tanto que parece imposible: cumplir con el mandamiento del amor a los enemigos como hizo el mismo Salvador. El Niño del pesebre, que ha venido a cumplir en plenitud la voluntad del Padre hasta la muerte en la cruz, ve en su espíritu a todos los que le van a seguir por ese camino. Su corazón palpita por el primer discípulo que será esperado en el trono del Padre con la palma del martirio. Sus manitas nos lo presenta como a nuestro modelo y como si dijera: Mirad el oro que yo espero de vosotros.

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