Seminario

Vías ilícitas para la regulación de los nacimientos

En conformidad con estos principios fundamentales de la visión humana y cristiana del matrimonio, debemos una vez más declarar como vía ilícita para la regulación de los nacimientos:

  • La interrupción directa del proceso generador (embarazo) ya iniciado.
  • El aborto directamente querido y procurado, aunque sea por razones terapéuticas
  • La esterilización directa, perpetua o temporal, tanto del hombre como de la mujer (15);
  • Toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio hacer imposible la procreación.

Tampoco se pueden invocar como razones válidas, para justificar los actos conyugales intencionalmente infecundos, el hecho de que tales actos constituirán un todo con los actos fecundos anteriores o posteriores, y que por tanto son buenos.  Por ende, es un error pensar que un acto conyugal, hecho voluntariamente infecundo, y por esto intrínsecamente deshonesto, puede ser camuflado por el conjunto de una vida conyugal fecunda.

Licitud de los medios terapéuticos

La Iglesia, en cambio, no retiene de ningún modo ilícito el uso de los medios terapéuticos verdaderamente necesarios para curar enfermedades del organismo, a pesar que se siguiese un impedimento aun previsto para la procreación, con tal que ese impedimento no sea, por cualquier motivo directamente querido.

Licitud del recurso a los períodos infecundos

Algunos se preguntan: ¿no es quizás racional recurrir en muchas circunstancias al control artificial de los nacimientos, si con ello se obtienen la armonía y la tranquilidad de la familia y mejores condiciones para la educación de los hijos ya nacidos?  A esta pregunta hay que responder con claridad: la Iglesia es la primera en elogiar y en recomendar la intervención de la inteligencia en una obra que tan de cerca asocia la criatura racional a su Creador, pero afirma que esto debe hacerse respetando el orden establecido por Dios evitando el uso de medios directamente contrarios a la fecundación.

Por consiguiente, si para espaciar los nacimientos existen serios motivos, la Iglesia enseña que entonces es lícito tener en cuenta los ritmos naturales inmanentes a las funciones generadoras para usar del matrimonio solo en los períodos infecundos y así regular la natalidad sin ofender los principios morales que acabamos de recordar.

Graves consecuencias de los métodos de regulación artificial de la natalidad

Los hombres rectos podrán convencerse de la gravedad de los métodos de la regulación artificial de la natalidad:

  • Consideren, antes que nada, el campo fácil y amplio que se abriría a la infidelidad conyugal y a la degradación general de la moralidad. No se necesita mucha experiencia para conocer la debilidad humana y para comprender que los hombres, especialmente los jóvenes, tan vulnerables en este punto, tienen necesidad de aliento para ser fieles a la ley moral y no se les debe ofrecer cualquier medio fácil para burlar su observancia.
  • Podría también temerse que el hombre, habituándose al uso de las prácticas anticonceptivas, acabase por perder el respeto a la mujer y, sin preocuparse más de su equilibrio físico y psicológico, llegase a considerarla como simple instrumento de goce sexual y no como la compañera, respetada y amada.
  • Reflexiónese también sobre el arma peligrosa que de este modo se llegaría a poner en las manos de Autoridades Públicas despreocupadas de las exigencias morales. ¿Quién impediría a los Gobernantes favorecer y hasta imponer a sus pueblos, si lo considerasen necesario, el método anticonceptivo que ellos juzgasen más eficaz?

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