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Nuestro Seminario Mayor San José celebra nuevas admisiones al acolitado y diaconado

Cuando un deportista aspira a participar en competiciones de talla internacional, comienza por someterse a un riguroso y continuo entrenamiento. Luego, cuando ya está preparado, es llamado a formar parte de un equipo para finalmente competir a nivel internacional.

Este símil nos ayuda a comprender un poco mejor el rito que ahora estamos celebrando: la institución al Ministerio del Acolitado a Isael Jiménez Rodríguez y la admisión como candidato al Diaconado de José Gilver Guamuro Vílchez; estudiantes del Seminario Mayor San José en Moyobamba.

Efectivamente, aspirar a ser sacerdote es enlistarse al equipo de Jesucristo, hacer una serie de pruebas y verificar si nos hemos enrolado por propia iniciativa o si ha sido una respuesta a la invitación de nuestro Señor Jesucristo. Cuando se llega a la certeza moral de que, efectivamente, uno quiere ser parte del equipo de Jesucristo, se hace la solicitud formal de entrar en el equipo y se recibe la respuesta del que está legitimado para darla, es decir, el obispo de la prelatura a la que uno se quiere incorporar. Esta solicitud y esta respuesta es el Rito de Admisión.

Isael, con 31 años está cursando el tercer año de Teología en el Seminario Mayor de San José de Moyobamba. Natural de Vista Florida, provincia de San Ignacio, región Cajamarca. El 26 de setiembre de este año recibió el ministerio del acolitado, el cual es un paso más en el camino de formación hacia el sacerdocio.

“Bueno mi vocación empezó cuando me estaba curando de la parálisis facial, al ver la mano de Dios detrás de esa enfermedad tomé la firme determinación de cambiar de vida y de cumplir siempre la voluntad de Dios. Para afianzar mi nueva vida, que empezó con el bautismo, comencé a prepararme para ser un buen animador de mi pueblo. Pero posteriormente tuve unos sueños en los que me encontraba postrado ante el altar, por el conocimiento que ahora tengo sé que se trata de una ordenación sacerdotal. Estos sueños me dejaron con una inquietud que a lo mejor el Señor me quería como sacerdote. Pero al tratarse de sueños no les di mucha importancia. Cuando estaba ejerciendo mi ministerio de animador, mi párroco me dijo un día que yo tenía las cualidades para ser sacerdote. Al escuchar las palabras del sacerdote recordé los sueños que había tenido. Entonces pensé si la voluntad de Dios es que sea sacerdote porque la voy a rechazar. Así que empecé a estudiar mi secundaria cuando tenía 19 años, y al terminarla ingresé en el Seminario. Estoy cursando el séptimo año en el Seminario, y me alegro de que el Señor me haya llamado para ser su sacerdote según su corazón” cierra su breve testimonio Isael.

José Gilver, natural de Cajamarca, procede de familia católica que en busca de un porvenir mejor emigró a estas tierras de la selva peruana. Recibió la fe en el seno de su fervorosa familia, que lo unía a la oración de sus devociones donde fui conociendo a Jesús. 

“Cuando tenía nueve años me compré una biblia y, aún niño, me uní al grupo de jóvenes de la capilla de mi pueblo, ellos me enseñaron a rezar el rosario, me invitaban a sus actividades y a leer las lecturas de la liturgia de la palabra. En este ambiente vi brillar una luz, que me abría un nuevo camino, de algún modo sentí la voz del Señor que me invitaba a seguirle… entonces yo me empecé a resistir. No quería dejar mis planes que, aunque pequeños, buenos y honestos, no eran lo que Dios quería para mí. Para complicar las cosas me enamore, a ver que se van a pensar; todo generó tal tensión que me llevó a la oración, ya se ve que no era tan malo.
El Señor me había mirado, me había seducido. Me costó aceptarlo, tan terco era, pero solo el Señor era mi paz y mi felicidad. De todos modos, fui aprendiendo a amar y lo que parecía difícil se tornó en mi favor puesto que fui comprendiendo que la vocación al Sacerdocio no era una renuncia al amor, sino una acogida y entrega generosa a un amor más grande, más pleno, aún con todo lo que ello implica: renuncia, abnegación, sacrificio, don total de sí mismo. Después de todo, ¿no es eso lo que nuestros padres viven cada día?, ¿no es eso fuente de felicidad?
Sin más decidí entrar en el seminario para discernir mejor mi vocación, y hoy con inmensa gratitud, comparto la alegría de poder decir: Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad” concluye José.

Aprovechemos el rito para renovar nuestra entrega y pidamos a la Santísima Virgen María, que sea para los que hoy piden la admisión y para nosotros, la “Estrella de la evangelización”

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