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La libertad religiosa en la DIGNITATIS HUMANAE

Dios, en su intento de salvar al hombre, se manifestó revelando diez preceptos que servirán de guía por donde se encamine la vida del hombre. El primero “Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón y solo a Él darás culto”, implica que el hombre debe reconocer que existe un solo Dios, vivo y verdadero al que tiene que amar y adorar. Ahora bien, el cumplimiento de este mandato implica una autonomía que permita buscar la verdad sobre Dios y su Iglesia, y una vez conocida, abrazarla y practicarla. Solo así, disponiendo de libertad en materia religiosa, el hombre podrá cumplir con su obligación de rendir culto al Dios verdadero.

La naturaleza de esta libertad, dice el Vaticano II, consiste en que todos los hombres deben estar inmunes de coacción tanto por parte de personas particulares como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos. Por tanto:

  • Todo grupo social y todo poder civil debe esforzarse en proteger el derecho a la libertad religiosa por medio de normas o leyes justas. Esto es así, porque todo grupo social debe colaborar con el bien común, el cual consiste en el conjunto de las condiciones de la vida social mediante las cuales los hombres pueden conseguir con mayor plenitud y facilidad su propia perfección.
  • De aquí se sigue que no es lícito al poder público el imponer a los ciudadanos, por la violencia, el temor u otros medios, la profesión o el rechazo de cualquier religión, o el impedir que alguien ingrese en una comunidad religiosa o la abandone. Mucho mayor es el daño cuando, mediante la fuerza, se intenta eliminar o cohibir la religión.
  • En el uso de todas las libertades hay que observar el principio moral de la responsabilidad personal y social. En el ejercicio de sus derechos, cada uno de los hombres y grupos sociales están obligados por la ley moral a tener en cuenta los derechos de los otros, los propios deberes para con los demás y el bien común de todos.
  • Cada familia, en cuanto sociedad que goza de un derecho propio y primordial, tiene derecho a ordenar libremente su vida religiosa doméstica bajo la dirección de los padres. A éstos corresponde el derecho de determinar la forma de educación religiosa que se ha de dar a sus hijos, según sus propias convicciones religiosas. El Estado debe reconocer este derecho.

Este derecho está fundamentado tanto en la dignidad de la persona como en la divina Revelación:

  • Por razón de su dignidad, todos los hombres, por ser personas a imagen y semejanza de Dios, dotados de entendimiento y voluntad tienen la capacidad y la obligación moral de conocer la verdad (sobre todo en lo que se refiere a la religión), y una vez conocida, tienen la obligación de adherirse y ordenar su vida según ella. Para hacer realidad esta exigencia de la propia naturaleza es necesaria la libertad religiosa.
  • En la Revelación escrita no existe un texto explícito sobre esta materia, pero deja ver el respeto de Cristo a la libertad del hombre. Cristo llama a los hombres a seguirle, y por este llamado quedan obligados en conciencia, pero no coaccionados. Dio, en efecto testimonio de la verdad, pero no quiso imponerla por la fuerza a los que le contradecían. Los discípulos siguieron sus huellas y la Iglesia mantiene esta doctrina.

Así pues, todo gobierno debe promover y proteger este derecho, y no puede, mediante excusas artificiosas, evadir estos principios. En el Perú esto es una norma constitucional según el número tres del artículo segundo: Toda persona tiene derecho a la libertad de conciencia y de religión, en forma individual o asociada […] El ejercicio público de todas las confesiones es libre, siempre que no ofenda la moral ni altere el orden público. Y en el artículo cincuenta dice: Dentro de un régimen de independencia y autonomía, el Estado reconoce a la Iglesia Católica como elemento importante en la formación histórica, cultural y moral del Perú, y le presta su colaboración.

El hombre es la unión sustancial de alma y cuerpo. Así como necesita del alimento material, también tiene necesidad del alimento espiritual. Lo conseguirá si tiene la libertad de acercarse a ello.

 

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