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Evangelio de hoy 11 dic. 2019 (San Mateo 11,28-30.)

Jesús tomó la palabra y dijo: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.
Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.”Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

“Vengan a mí, …porque soy paciente y humilde de corazón” (Mt 11,28-29)

La luz que envuelve una estrella es cosa propia, así como la modestia y la humildad son propias del hombre pío y temeroso de Dios, ya que no hay ningún otro signo que sea naturalmente más indicativo y claro de los discípulos de Cristo, que un pensamiento humilde y una actitud modesta. Esto lo gritan por doquier los cuatro Evangelios.

El que no es así, es decir, el que no vive humildemente, pierde su posibilidad de tener parte junto a Aquel que se humilló a sí mismo (Flp 2, 8) hasta alcanzar la cruz y la muerte, y es también el legislador y el ejecutor de los divinos Evangelios. “Ustedes que tienen sed —nos dice— vengan por agua” (Is 55, 1). Pero “ustedes que tienen sed”, caminen con pureza de pensamiento. Porque aquel que vuela alto con el mismo, debe mirar también a la tierra de la propia nulidad. Nadie se encuentra más alto que el humilde. Puesto que cuando no hay luz todo es oscuro y tenebroso. Así, cuando falta el sentimiento de la humildad, todos nuestros cuidados respecto de Dios, son vanos y corrompidos.

El alma beneficiada que ha recibido toda la dulzura de Jesús, llena de exultación y de amor, devuelve a su benefactor lo recibido con alabanzas, agradeciendo e invocando con gran dulzura en el alma, a Aquel que le dio la paz, viendo espiritualmente dentro de sí mismo a Aquel que deshace las fantasías de los espíritus malignos. Mantengámonos fuertemente unidos a la oración y la humildad, dos cosas estas que, junto con la sobriedad, combaten a los demonios con una espada de fuego. Es posible que nosotros, si vivimos así, cada día y cada hora, podamos celebrar una fiesta de alegría mística en el corazón. (…) El Señor nos ha dicho: «Aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón y encontrarán reposo para sus almas» (Mt 11, 29).

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