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El Conocimiento de Dios

Todo hombre intenta conocer la razón última o principio de todo lo que existe. Los filósofos y pensadores de todos los tiempos se han preguntado sobre la existencia de este principio. De su existencia y de su modo de comprenderlo, han dependido sus sistemas de pensamiento y su modo de comportarse en la sociedad. El hombre de hoy, aunque infectado por el relativismo y por una especie de “pereza intelectual”, continúa en su afán de conocer a Dios. Pero, ¿Cómo se puede conocer a Dios?
Dios puede ser conocido por el hombre de diversos modos: por las solas fuerzas de la razón y de un modo sobrenatural.

  • Mediante la luz natural de la razón humana. De dos modos:
    • Modo precientífico o espontáneo: La humanidad siempre ha tenido una cierta noción de la existencia de Dios, pues sin ningún proceso racional, viendo la impresionante majestad de la naturaleza, llega a la conclusión de que existe un ser trascendente que lo ha causado todo. Causa mucha admiración la complejidad del ojo humano, la capacidad del cerebro humano o la belleza de las estrellas. Todo ello, que son objeto de la simple experiencia, lleva a pensar en la existencia de “algo” que dé origen a todo lo que existe. Ahora bien, que este modo de conocer pueda llegar a descubrir la existencia de Dios no significa que su existencia sea una verdad evidente para nosotros, sino que necesita ser demostrada. A este nivel de conocimiento llega la reflexión filosófica.
    • Modo científico o filosófico: Se trata de un razonamiento esmerado por el que el hombre llega a conocer a Dios como causa primera de todos los entes e, incluso, permite el conocimiento de sus perfecciones y atributos. Este modo de conocer parte de la experiencia (conocimiento espontáneo), y llega a conocer a Dios como Causa de toda criatura. Éstas serían efectos de su poder creativo. Este es el nivel más alto que puede alcanzar la razón humana, pero aun así es deficiente, porque Dios excede todo lo que nuestro entendimiento puede llegar a comprender. Además, por ser limitada, puede equivocarse, llevando a una concepción errónea de Dios. A esto se suma también la herida del pecado presente en nuestra naturaleza, que puede inducirnos a conclusiones falsas. Por esto el hombre necesita ser iluminado por la revelación de Dios, no solamente acerca de lo que supera su entendimiento, sino también sobre “las verdades religiosas y morales que de suyo no son inaccesibles a la razón, a fin de que puedan ser, en el estado actual del género humano, conocidas de todos sin dificultad, con una certeza firme y sin mezcla de error” (CEC 38).
  •  El hombre puede conocer a Dios de un modo sobrenatural, de un modo que sobrepasa la razón humana. Se trata de un conocimiento mucho más perfecto y es un don de Dios.
    • Es de dos tipos:
      Por la fe: Se trata de un conocimiento que el hombre no puede alcanzar por medio de su razón, sino que es Dios mismo quien lo proporciona a través de la Revelación. Dios se revela a sí mismo. Nos desvela su misterio y el plan de salvación que tiene para el hombre. Lo hace a través de la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición.

      Por visión: Se trata del mayor conocimiento que podamos tener de Dios. Es conocerlo cara a cara, por experiencia, tal como es en sí mismo. Este modo de conocer lo experimentaremos en el cielo.

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